¿Cómo regresar a la oficina sin dejar de ser feliz? Evitando que se nos fugue la energía por la misma rendija de siempre.
Un error que cometemos año tras año y que hace que la vida se sienta igual, es el de exprimir las vacaciones hasta el último minuto, llegar a la oficina afanados y ponernos de inmediato a trabajar. Trabajar es, quizás, lo único que no deberíamos hacer en los primeros días (o al menos en las primeras horas) después de las vacaciones.
Piense en su manía más vergonzante. Ubíquela. Recréela en su cabeza. Ahora piense qué le ruborizaría más: ser pillado en el clímax de la ejecución de su [deliciosa] maña o ser sorprendido con unos parlantes conectados a su cerebro que amplificaran (¡sin editar!) lo que piensa de las cosas cuando le pasan. Difícil, ¿no?
Munra era mi villano favorito :) Las lecciones más importantes de la vida suelen quedar de herencia luego de algún episodio “muy” algo: muy hermoso, muy infernal, muy apresurado, muy contradictorio, muy empalagoso, muy. Y la clave tanto para acelerar el aprendizaje como para, de paso, ahorrarse la temporada en la psiquiatrería, está en aprender a reconocer al maestro en cuanto aparece -por más disfrazado que esté.
De manera independiente a las convicciones religiosas (o a la ausencia de las mismas) en cada uno de nosotros, la Felicidad sí encuentra en la vida espiritual un componente determinante.
¿Se ha hecho esa pregunta? (por favor detenga la lectura aquí unos segundos y conteste cuál sería para usted el premio gordo de la lotería de la vida antes de avanzar en el artículo): ¿ser millonario?; ¿tener el trabajo de los sueños?; ¿coincidir con su media naranja?; ¿zafarse de quien creyó era su media naranja pero resultó siendo su medio limón? Ojalá lo que tengo para decir hoy no le resulte decepcionante porque el premio mayor de esta lotería no vendrá desde afuera: el gran golpe de suerte será que en algún momento de su vida (o en muchos momentos de su vida, ojalá) la existencia de alguien sea mejor gracias a usted (gracias a su trabajo, a su amor, a su dinero, a su tiempo: a un poco de energía de la suya, pues).
¿Guardamos una ilusión o estamos posponiendo un sufrimiento? El propósito de la existencia no es esquivar el dolor. El esfuerzo evolutivo de millones de años de nuestra especie no pudo haber desembocado en una misión tan parca como la de escurrírsele al sufrimiento. Entonces, ¿por qué a la hora de decidir (asuntos grandes y pequeños), nuestra apuesta fuerte es a ahorrarnos un nuevo pesar en lugar de apuntarle a una vida feliz? Resulta que al cerebro consciente le aterra la idea de sufrir.
A veces perder algo es la única manera de entender algo.
A veces perder algo es la única manera de ganar algo.
A veces perder algo es la única manera de ganar fuerza, por ejemplo.
O de ganar perspectiva, por ejemplo.
O de ganar confianza en uno mismo, por ejemplo.
Entonces la próxima vez que la vida lo despoje de algo, no forcejee ni maldiga su suerte. Póngase triste, claro (hay que incluir a la tristeza en las cuentas porque a veces la vida le arrebata a uno tesoros tales como un ser querido), pero en medio de su tristeza, acuérdese de no pelear con su realidad. La razón es práctica y es sencilla: pelear con su realidad es quemar combustible en vano.
Por: Sylvia Ramírez
Conferenciante Internacional de Felicidad, Liderazgo y Marca Personal
En redes: @SylviaNetwork
La red es sólo por si acaso
Si de verdad quiere lograr el plan A, ¡comience por dejar de acariciar el plan B! Esa es una artimaña del inquilino eterno de nuestra cabeza, el Autosaboteador de Metas, famoso por hacer lo que sea con tal de tener alguna sensación de tranquilidad. Fue él quien inventó eso de “Si el plan B no funciona recuerde que el alfabeto tiene muchas letras más”.
Usted no es tonto.
Usted tiene sus sentimientos y sintió mucho. Y pensó poco.
Usted no es inseguro.
Usted se comportó como una persona tímida.
Usted no es ingenuo.
Usted confió en la promesa que le hicieron porque Ud. cumple las promesas que usted hace.
Si está sintiendo rabia con usted por la actitud desempoderada que tuvo o por las cosas dolorosas que permitió que le hicieran, recuerde que usted no “es” tonto, inseguro o ingenuo, sino que usted a lo mejor “actuó” como una persona inexperta, insegura o ingenua. En otras palabras, entienda que usted no “es” algo, sino usted “hizo” algo, y eso es bien distinto. Por fortuna uno no es lo que hace; uno es más que eso. Por lo tanto téngase paciencia y avance con gracia. Avanzar con gracia en este caso significa dejar de repasar la escena incómoda en su cabeza y dejar de ensayar libretos sobre lo que va a decir a la próxima. Hacer eso no cambia nada y sí le hace perder tiempo valioso. Avanzar con gracia en este caso también significa darse cuenta de que (aceptar que) su futuro está en otro lado. Téngase paciencia, oríllese un rato, recobre la fuerza y avance con gracia.
Por:
Sylvia Ramírez
Speaker Internacional de Felicidad, Liderazgo y Marca Personal
En redes: @SylviaNetwork
Además de “sentirse culpable por todo”, ¿qué otro talento tiene usted? En este mundo, mientras unos tienen vocación de servicio, otros de investigación, etc., hay muchos que tienen (que tenemos) vocación de culpa. Comprendemos que sentirnos mal por el pasado es tan útil como llorar sobre la leche derramada pero insistimos en sentirla sin fijarnos en el lío adicional: la culpa, como las hamburguesas, suele venir en combo. En este caso con miedo y vergüenza. Y en combo agrandado, claro.
Un seductor experimentado sabe cuán valioso es detectar rápido los clichés de su presa.